domingo, 4 de marzo de 2012

Las primeras Navidades con Javier (part3)

La llegada a Madrid fue emocionante porque nos estaban esperando mis papis, mi hermana Carol, mi cuñado Curro y mi sobri Alejandro que aún no le conocía en persona. 



Fue muy entrañable porque a Carol no la achuchaba desde principios de año, porque al quedarme embarazada decidimos no volver a España hasta Navidad. ¡Qué abrazo más bonito y fuerte! A Alex le llevaba su papi y sólo le di un besito para no asustarle pero el me miraba  y se giraba a su madre y me volvía a mirar y volvía a girarse a su madre, no sé si veía que su madre y yo eramos muy parecidas hasta el tono de voz, pero lo más bonito era que cuando me miraba me sonreía como diciendo por fin tía vienes a verme, ya era hora!! , bueno o eso quiero pensar....o eres clavadita a mi mamá!

Javi se portó estupendamente en el viaje de Amsterdam - Madrid y cuando vio a la familia se puso tan contento que no paraba de mover las piernas, para arriba y para abajo como si les reconociera.

Nos fuimos a casa y dejamos todas las maletas y demás para irnos a comer a casa de Carol y Curro un cocido que hizo mi mami... ¡cómo la quiero! Estaba espectacular, como dice mi padre, nos pusimos hasta arriba de sopa, garbanzos... pero Carlos y yo caímos agotados en la mesa y pedimos permiso para echarnos un rato porque entre el cansancio y el estrés del viaje, el jet-lag, el cocido y las emociones de ver a la familia, no podíamos más, estábamos reventados.

Celia y Nandi vinieron a la comida porque estaban preparando su futuro hogar, un loft chulísimo en Boadilla del Monte. Nos estuvieron contando con muchísima ilusión como la estaban decorando, los por menores de cada rincón... ¡qué felices se les ve! Y espero que lo sean por muchos años.

La primera semana estuvimos en Madrid, la cual no fue nada relajada, manteníamos el mismo nivel de estrés. Es cierto que nos lo buscamos, o más bien me lo busco. Medio Madrid quería conocer al peque, me tuve que hacer un Project Time Management. 

Lunes: Dentista y asuntos con la Administración Pública: Seguridad Social, Carnet de conducir. Peluquería, era fundamental porque aquí cuestan una pasta.

Martes: Revisión médica: análisis y ecografía. Visita a los compañeros de trabajo y merienda. Cena con mi Club de los martes

Miércoles: Más visita a compañeros, de nuevo al dentista y cenita con mis Gavilanas (Gracias a todas y en especial a Elena que estaba todo buenísimo).





Jueves: Bautizo y celebración



 
En el que vivimos momentos muy tiernos y echamos de menos a mucha gente.

Viernes: Las Palmas. Otro avión.

Llegamos y el recibimiento fue muy pero muy caluroso, no por la temperatura sino porque nos recibió casi toda la familia Roldán Vázquez, con pancarta incluida. Qué lastima de no tener una foto, pero la fotógrafa de ese momento se puso tan nerviosa que no se acordó de sacar la foto ¿verdad Mariau?

Lo primero que hicimos fue ver a la bisa que ya este año va a cumplir 94. ¡Está estupenda!


Queríamos que conociera a su último bisnieto y que disfrutara de él durante unos minutos, aunque no sé quien disfruto más, creo que Carlos por verles juntos.



El resto de la semana intentamos disfrutar de la familia y amigos lo más que pudimos.

 
 
 


 
 




La verdad es que la semana se nos hizo muy corta, tenemos que ir más tiempo. Te prometo Samira que a tu primo le llevaremos este verano.

Vísperas de Nochevieja volvimos a Madrid. Otro avión.






 

Nos quedaba una semana para hacer más cosas y ver a más gente. Pero caímos los tres malos y nos quedamos encerraditos en casa... me dio muchísimo coraje porque me quede sin ver a mucha gente.

El viaje de vuelta fue muchísimo más relajado tuvimos. La experiencia es un grado. Esta vez fue con Bristish Airways por Londres aunque tuve mis rifirrafes en el control por toda la medicación que llevábamos de Javi, pero como llevábamos las recetas se quedo en una mera anécdota.

martes, 14 de febrero de 2012

Las primeras Navidades con Javier (part2)

buff... vamos a intentar relajarnos que nos quedan 10h de viaje hasta Amsterdam.

Una vez sentados, me di cuenta que con tantas carreras no nos había dado tiempo pararnos para comprar agua para los bibes aunque llevábamos un par de los ya preparados pero no eran suficientes. Les pedimos un par de botellas de agua a las azafatas y nos dijeron que sólo eran para los de primera clase, pero como eran para Javier pues nos daban un par de ellas... hombre, ¡muchas gracias, que detalle! Las azafatas de aire de DELTA son bastante rancias y había una sobre todo que estaba loca, no paraba de hablar alto aun a pesar que estaba el avión a oscuras, además no llevaba el uniforme como las demás, los pelos sin peinar, maquillada como una puerta... Vamos que aunque en tierra se portaron excelentemente en aire dejan mucho que desear.

Javier se porto bastante bien durante el vuelo. Cuando veíamos que se aburría, Carlos le cogía se lo ponía en la mochila y a pasear pasillo arriba, pasillo abajo. El peque feliz porque como es un cotilla se iba fijando en la gente como dormía, miraba y miraba, balbuceaba como si nos quisiera decir qué hace tanta gente aquí y porqué duermen.

Dimos un par de cabezadas pero no más de 20 minutos cada una. ¡Cómo cambia la historia cuando viajas con niños!

Como una hora antes de llegar a Amsterdam, me dio por mirar las tarjetas de embarque del siguiente vuelo y me di cuenta que mi tarjeta de embarque no estaba. ¡Mierda! Se la quedo la azafata del embarque. ¿Y ahora que tenemos que hacer? ¡Dios mio no pueden haber más complicaciones!

A la salida del avión estuvimos esperando que nos dieran el cochecito de Javier pero lo habían facturaron, si ya íbamos cargados ni te cuento con el niño aúpa. Así que cargados como burros y llevando al peque agarrado a la cintura, parecíamos gitanos.

Entre una cosa y otra sólo teníamos una hora para llegar al otro avión, nada más salir del finger nos encontramos con una azafata de KLM a la que le comentamos que no tenía mi tarjeta de embarque para el siguiente vuelo y no nos supo contestar aunque nos aconsejo que lo preguntáramos más adelante en Atención al Pasajero. ¡Habíiiia unaaa colaaaa! Pasamos.

El tiempo se nos echaba encima, íbamos casi a la carrera que no pudimos disfrutar de la parte comercial del aeropuerto que estaba decorado con motivos navideños, con un árbol incluído. Javier iba dando botes, las piernas no paraban, miraba todo, su cabeza giraba a un lado y al otro, tan feliz. La gente le sonreía y él aún mas contento todavía.

A todo esto, teníamos que pasar el control de pasaportes que no os podéis imaginar como estaba como se notaba que era vísperas de Navidad porque aquello era impresionante. Después de esperar más de 15 minutos, llegamos al control, enseñamos los pasaportes y voila, Javi tiene su primer sello.





Después de desnudarnos y pasar los bultos, nos fuimos corriendo a la puerta de embarque porque nos faltaba 5 minutos para embarcar... como no, era casi en la última puerta. Una vez que llegamos, vimos que la gente estaba haciendo cola para embarcar, deje a Carlos con todo y retrocedí donde había unas maquinas para sacar de nuevo la tarjeta de embarque. Después de esperar que terminara un grupo de japoneses, introduje mis datos pero no me dejaba sacar de nuevo la tarjeta, así que corre que te corre de nuevo a la puerta de embarque... asfixiada le digo a Carlos que fueramos directamente al mostrador  que nos ayudaran las azafatas de tierra. Mira que las familias con bebes tienen preferencia a la hora de embarcar, pues aún así la gente no nos dejaba pasar y como con esas cosas tengo muy mala leche, fui empujando y pidiendo perdón, vamos a la francesa.

Nos aproximamos al mostrador y en cuanto nos vieron los de KLM les dijeron que nos dejaran pasar y les contamos nuestra fantástica historia. No nos pusieron ningún problema y  además ¡¡¡nos dieron 3 asientos!!! ¡Qué guay estuvo! así pudimos viajar mucho mejor.

martes, 24 de enero de 2012

Las primeras Navidades con Javier (part1)

Ups!! menudo trajín hemos tenido estas Navidades.

Los preparativos del viaje me supusieron noches sin dormir. Lo que más me preocupaba era cómo Javier iba a hacer el viaje, si lo iba a pasar mal con los oídos, sus comidas, el cambio de horario como le afectaría, cómo nos organizaríamos con tanto bulto...

El día llegó, todo parecía que estaba en orden hasta nos dimos un paseo por el barrio para desintoxicarme del estrés pero era tal nivel el que tenía que me deje el pasaporte en casa, me dí cuenta una vez que llegamos al aeropuerto y estábamos en el mostrador de facturación.

Carlos actuó rápidamente, llamo al hijo de Abdul, que son quienes siempre nos llevan y nos traen del aeropuerto, nunca nos fallan. Le pidió que si podía diera media vuelta, así lo hizo pero tardo 30 minutos porque le pillo ya entrando en la autopista y hasta que puedes dar la media vuelta... bueno la última hora de facturar era las 12.30, y eran las 12 cuando me recogía. Habitualmente tardamos 20 minutos en hacer uno de los recorridos, pero ahora lo teníamos que hacer en ida y vuelta.

Carlos se quedo con el peque, 3 maletas, 1 mochila, 1 bolsa con mi portátil, las 2 bolsas y el cochecito de Javi... era para verle.
 
Parecía que era todo posible hasta que llegamos a la I-5 cerca de Seattle y había un aaaatascoooo de 3 pares de coj... bueno aquí lo dí todo por perdido. Llame a Carlos y le dije que él se marchara con el peque, y yo ya vería que hacía porque lo veía muy crudo el llegar. Él no lo tenía muy claro pero aceptaba la propuesta...ups! miro mi bolso y veo que llevaba sus pasaportes. Bueno la suerte estaba echada o nos íbamos los 3 o ninguno. Se me pasaron miles de cosas por la cabeza, desde dónde la tengo que la estoy perdiendo, dónde está Cristina que ya ni la reconozco, bueno pues a lo mejor no está tan mal unas Navidades en Seattle (aunque está sinceramente era la que menos me apetecía)...

El hijo de Abdul estaba super agobiado, me miraba y me decía que no me preocupara que lo íbamos a conseguir... el atasco estaba por todas partes. Era el último fin de semana antes de las fiestas y debía estar todo el mundo de compras, ni él lo entendía ese megatasco. Las 12.15 y estábamos en South Lake Union, atascados y aquello no se movía...
Las 12.20 en casa. Corriendo hasta el apartamento, estaba donde pensaba en la impresora. Corriendo para abajo por las escaleras porque el ascensor estaba ocupado...





A las 12.23 entrabamos por la WA-99, ya estábamos camino al aeropuerto... llame a Carlos para decirle que creía que era posible que llegara a tiempo y él me comentaba que se lo había dicho a las azafatas de tierra y que nos iban a esperar siempre y cuando llegara a las 12.30.

Se lo dije al hijo de Abdul y acelero aún más... a veces no daba crédito de lo que estaba viviendo, parecía que alguien nos perseguía pero ¿quienes eran los malos? o ¿quienes eran los buenos? esto era como de película pero además a la americana. Esquivábamos un coche, luego otro... velocidad, velocidad. Veo el aeropuerto, son  las 12.29.

Llegamos, salgo corriendo y pisaba el mostrador de DELTA a las 12.31...




... pero ahí no quedo la cosa.

Las señoras del mostrador y Carlos se alegratron de verme, pero me dicen que el billete de Javi no aparecía. Si, si lo que lees. No aparece su billete. Pensaba que me estaban gastando una broma pero no, no lo era. ¿Me preocupaba? No especialmente porque se compraba uno y basta, siendo un bebe sólo pagaríamos tasas con lo cual no nos iba a romper mucho el presupuesto pero en cuanto llegáramos a España teníamos que comprobar que no nos lo habían cobrado antes.

Mientras esperábamos, comprobé que en mi móvil tenía que había llamado a KLM el 8 de agosto. La azafata comenzó a llamar a KLM y no contactaba con ellos, la diferencia horaria no nos ayudaba, pero mientras tanto nos pidió una tarjeta de crédito por cargarnos el pago si no encontrábamos el billete... nos dijo además que fuéramos pasando el control y cuando llegáramos al embarque allí nos dirían algo sobre el billete del peque.

Nos abrieron paso hasta el control y como íbamos con prisa no sacamos los líquidos de las bolsas de Javi que le había comprado un par de biberones ya preparados que son super cómodos para cuando sales porque no tienes ni que llevar tu los bibes.


En el control nos pararon para ver que es lo que llevábamos. A mi me llevaron con las bolsas del peque para escanear los biberones y ver que más cosas llevaba. Mientras tanto Carlos se quedo con Javi, las demás bolsas... imagínate, con él en brazos poniéndose el cinturón, guardando los portátiles, la sillita... Dio tanta lástima que hubo uno de seguridad que le ayudo. Al cabo de los 5 minutos volví para ayudar a Carlos y salir corriendo hasta la puerta de embarque.



 
Trenecito hasta la terminal satélite pero eso si, corre que te corre hasta llegar a él, baja escaleras porque no encontramos el ascensor... corre


... llegamos y ¿qué puerta era? la última.

Nos estaban esperando y nos confirmaron que Javi no tenía billete pero que no había problema que habían emitido otro. Nos dejaron pasar, dejamos el cochecito en la puerta del avión y pasamos.

Nuestro asiento no era el que habíamos pedido porque lo queríamos con cunita para que Javi pudiera dormir, pero por lo menos íbamos juntos.



(to be continued)





miércoles, 9 de noviembre de 2011

100 dias


Mi peque ha cumplido 100 días... lo resumo en estas fotos:










 




Te quiero bebe.

domingo, 23 de octubre de 2011

Último año

Va a hacer un año que me quede embarazada. Llevábamos algún tiempo buscándolo, pero nunca llegaba. Pero esta vez sí.
Tenía un test de embarazo en casa porque alguna vez había tenido una falsa alarma. Me leí las instrucciones una y otra vez, quería hacerlo bien. No son difíciles pero con los nervios y en inglés... bueno en menos de un minuto el resultado dio positivo. Fui corriendo a decírselo a Carlos con el test en mano. No tenía ni idea de lo que pasaba, le mostré el test y se quedo boquiabierto y me dio un beso. Ese beso lo recordaré siempre porque fue muy tierno y lleno de emoción.
Le temblaba las manos, el cuerpo tanto era así que no era capaz de enfocar al test para sacarle una foto.




A partir de este momento sabíamos que nuestras vidas iban a cambiar, no sólo que yo fuera a cambiar físicamente sino entre nosotros. Creció nuestra complicidad, nuestros deseos, nuestras ilusiones y todo aquello con lo que soñábamos se estaban cumpliendo.

Esa misma mañana de sábado, empezamos a buscar médico, leyendo de por aquí de por acá. ¡Dios mío! no teníamos ni idea y no queríamos preguntárselo a nadie... Era nuestro secreto. Al final dimos y con acierto con un grupo médico que se llama Seattle Obstetrics & Gynecology Group . Mi doctora es la Dra. Luba Foltz ¿por qué ella? No sé, nos dio buena sensación cuando leímos su currículum vítae y los comentarios de sus pacientes que son todos ciertos. Luba es una persona muy dulce, que te cuenta las cosas tal y como son pero sin asustarte, paso a paso. Se creo un bueno rollo entre los 3. En cada cita llevaba yo mi lista de preguntas, no quería que se me olvidara nada y ella siempre se reía... creo que le hacía gracia mi libretita de Hello Kitty.

El primer día me hicieron una ecografía, el cual confirmaba mi embarazo




Estábamos de muy poco, 8 semanas. A Carlos se le saltaron las lagrimas, yo sólo estaba pendiente de ver que el corazón latía y rezaba por que así fuera. En cuanto vi algo que brillaba y parpadeaba, sabía que iba todo bien y pude soltar el aire. En ese momento vi a Carlos, le sonríe y la doctora nos dio la ENHORABUENA y que salíamos de cuentas el 24 de julio.

Dos días más tarde nos íbamos a España para pasar las Navidades. No iban a ser unas Navidades cualquiera ya que Carlos se tenía que operar de la nariz por una caída 2 años antes y que íbamos a dar la gran noticia. Y la última que íbamos a ser sólo 2.

El 12 de diciembre llegamos a Madrid, fuimos en aviones separados... un rollazo. Nos recogieron mis padres y en cuanto llegamos a casa, soltamos la bomba: ¡¡¡ESTAMOS EMBARAZADOS!!!  Se pusieron la mar de contentos. Además 2 meses antes mi hermana y Curro dieron la misma noticia en el mismo sitio.

A continuación llamamos a los padres de Carlos para que lo supieran aunque venían unos días más tarde.

Pasamos unas Navidades muy divertidas y sobre todo porque todos eramos conscientes que las siguientes habrían unos personajillos que nos quitarían el protagonismo.




En Madrid quise acercarme a mi ginecóloga para que me diera su opinión y aprovechamos en hacerme otra ecografía.



Esta vez me quedé más impresionada nuestro bebe comenzaba a tener una forma humana, más definida. Y su corazón latía a 200.

Aún no notaba cambios espectaculares, pero lo que sí tenía es una alegría enorme y me preocupaba por cuidarme por que significaba que también cuidaba a mi bebe.

No paramos de contárselo a todo el mundo familia y amigos.

Después de Reyes, abandonamos Madrid con tristeza, sabiendo que no volveríamos hasta finales de año y que no veríamos a nuestra gente hasta entonces, pero a la vez con ganas de llegar para que nos hicieran de nuevo una ecografía y la triple screening.




La triple screening no dio buenos resultados, nos dijeron que teníamos que hacernos la amniocentesis. Se me cayo el mundo a los pies, aunque era consciente que esa posibilidad existía por mi edad, 39 años. Lo peor de todo era que tenía que esperar un mes para que me lo pudieran hacer... se me hizo interminable pero el día llego.

Nos citaron muy temprano, esta vez llevábamos interprete porque no queríamos que nos perdiéramos en algo y sobre todo yo que quería entenderlo todo y hacerlo lo mejor posible. Me hicieron una ecografía donde midieron todo su cuerpo...la cabeza, piernas, nuca. Estuvimos casi una hora.




La doctora me pregunto si queríamos saber el sexo del bebe, le dije que sí y aunque presentía que era un niño. Me dijo: Tus presentimientos son correctos, es un niño.

Sinceramente quería que me hubiera dicho que era una niña, pero en esos momentos solo quería oír que estaba sano.

Después de la ecografía, nos pasaron al despacho de la experta en genética que nos explico durante una hora todo lo relativo al síndrome de Down para que nos fuéramos concienciado del tema. Una vez finalizada la charla me realizaron la amniocentesis, que fue pinchar y cantar.

Las buenas noticias solo tardaron 24h. La llamada era de lo más esperado. Estuve mirando al teléfono todo el día hasta que me llamaron por la tarde. Me hizo recordar como cuando te gustaba un chico y estabas sentada junto al teléfono esperando a que te llamara... los minutos se te hacen horas y las horas como días. Pero al final sonó el teléfono, y me dijeron que los resultados habían sido negativos y confirmaban que era un chico. ¡BIEN! ¡Qué alegría!

Desde entonces me cuide aun más si cabe, paseaba 2 ó 3 veces al día con Ron, comía sano, intentaba enterarme de todo para que fuera lo mejor posible... así fueron pasando las semanas.

La tripita se fue convirtiendo en tripaza:




 
 


Durante estos meses fuimos a clases de preparación al parto, lactancia, seguridad... nos instruimos para ser unos padres muy "profesionales". La verdad que tengo que decir que si nos sirvieron de mucho.

A la vez no parábamos de comprar cositas mas otras que nos regalaron, todo para que nuestro pequeño estuviera cómodo y fuera feliz.






Los abuelos de Las Palmas vinieron a echarnos una mano y sobre todo para ayudarnos para cuando viniera nuestro pequeño... mientras se decidía a venir a la vida, nosotros disfrutábamos de su estancia.




 





Los abuelos se marcharon y el peque no nació hasta 2 días más tarde... esa última semana fue muy pesada porque empece con contracciones el día que salía de cuentas el 24 de julio y hasta el 30. Durante esos 6 días, estuve con dolores que cada vez se hacían más intensos y dolorosos. El 29 por la mañana fuimos al hospital pero sólo había dilatado 3 cm., con lo que me dijeron que me tenía que volver a casa. Yo me negaba, estaba cansadísima y el dolor era casi insoportable. No me quiero volver a casa. La doctora decidió ponerme morfina para que descansara ya que llevaba una semana sin dormir y al parto iba a llegar reventada. La verdad es que me encontraron agotanda física y psicológicamente.

Ese mismo día 29 vinieron a casa a comer Rosa y Antonio que se habían dado un salto desde el otro lado del mundo para conocerle, pero ellos tampoco le conocieron. Nos trajeron comidita del Pike Place Market riquísima, comida India. ¡Gracias chicos!





Estaba triste porque ni los abuelos ni ellos le habían podido conocer, mira que hicimos todo lo que nos dijeron para que naciera en fecha, caminar, subir y bajar escaleras... el caso es que la doctora nos decía que estaba apunto pero yo no dilataba.

La morfina se fue yendo y comencé a notar las contracciones más fuertes y dolorosas hasta que a las 9 de la noche decidimos a llamar de nuevo a la doctora y nos volvió a decir que fuéramos al hospital.

Por fin nos quedábamos, estaba de 5 cm. ¡Qué descanso! ¡Qué nervios! Y en ese momento eche muchísimo de menos a mis padres. Sólo pensaba, jo se lo van a perder... pero en unos días le van a conocer.

Nos buscaron una habitación donde iba a parir. Aquí no es tan frío como en España, es una habitación bastante grande donde tienen toda la instrumentación necesaria para que nazca un bebe. Puedes darte un baño en la jacuzzi, ver una película, poner música... hacen que el parto sea lo más relajado y personal como tu quieras. Ellos se adaptan a tu plan de parto. Lo único que les pedí en cuanto llegue les dije que quería la epidural, porque las contracciones eran cada minuto y muy muy dolorosas. No hice uso de nada, la verdad sólo quería silencio y tranquilidad para poderme concentrar.

El anestesista tardo más de una hora, hora que se me hizo eterna. Pero al final llego, ¡bendito sea!. La verdad es que en esos momentos estaba más pendiente de Carlos que de mi misma por que Carlos es ver un aguja y caerse redondo... pero se porto como un campeón, también gracias al limón que se llevó por el consejo de una de las enfermeras que nos dio clases de preparación a parto.

La sensación de la epidural es rarísima, es fría, dolorosa, pero a su vez súper efectiva... me maree. No sé si fue del agotamiento pero pensaba que me iba a desmayar. Controle el mareo y me recupere. Tarde, pero me recupere.

Deje de sentir las piernas y el dolor, aunque pasadas las 4 horas tuve que pedir de nuevo más anestesia porque sentía las contracciones. Volvieron a llamar al anestesista para que  me chuta más...vaya día de chutes.

A nuestro lado siempre teníamos una enfermera que no se separo de nosotros ni un instante, una chica majísima. Carlos se durmió un poco. Sin embargo yo no pude pegar ni ojo por el ruido que hacía el tensiómetro. Ese ruidito de inflar y desinflar al lado del oído, y sentir como me presionaba me molestaba. Pero lo más importante es que estaba muy relajada, preparada para la última hora.


A las 6 de la mañana, me dijeron que era momento de empezar a empujar... y que podía dura unas 2 horas. Por dentro pensaba: no, ni de coña esto va a durar una hora, si acaso.

Empezó el PUSH, PUSH... contracción, coge aire, cuenta hasta 10 y PUSH.

Y así fue, a las 7.02 nació Javier.





Según Carlos, salió casi sin esfuerzo alguno. Vamos como si hubiera descorchado una botella. A penas tuve desgarros, con lo que podemos decir que tuve un buen parto.

Cuando le vi la carita y después de todo el esfuerzo se me saltaron las lagrimas. Por fin ya era madre. Una sensación increíble, miles de pensamientos se te pasan por tu cabeza, alegría contenida, me sentía pletórica, aunque con añoranza de los que no están...

¡Qué increíble es la sensación tuve cuando me lo pusieron sobre mi pecho! Es muy especial. SOY MADRE.

Quien trajo al mundo a Javier fue al final la doctora Daniel, doctora que me estuvo viendo cada vez que iba al hospital, fue muy cariñosa y comprensiva conmigo. Se lo agradezco con todo el corazón. Y antes de que se terminara su turno, llegó Javier. 



Pesó 3.450 Kgr y midió 52cm. Todo un chavalote.


¡Qué feliz esta el papi! (Carlos ¡¡¡qué fuerte somos padres!!!)

Rápidamente llamamos a nuestros papis para decirles que ya eran abuelos. (¡Qué gran invento el Skype!) ¡Qué alegría se llevaron ! y qué caritas pusieron, les teníamos que haber sacado una foto.

Aunque todos teníamos sentimientos contradictorios, por un lado una gran alegría por la llegada de Javier y por otro, un poco de tristeza por no estar juntos para compartir este momento, pero de cualquier modo nos podía la alegría, estábamos llenos de júbilo.

La estancia en el hospi fue muy corta, 24h. Y enseguida para casa. Hala ahí te defiendas.



Gracias Carlos por darme este hijo. Es lo más grande que tengo. Os quiero